En un principio solo pintaba en blaco, en negro o en blanco y negro. Después decidí que debía dar un paso más adelante y me atreví a juntar el blanco con el negro y ahi es cuando apareció el gris. Me gustó el descubrir otra manera diferente de pintar, es por eso que decidí andar un poco más lejos.
En un principio solo tenía dos y al unirlos encontré el tercero, ¿y ahora qué?. Un caluroso día de verano en la playa vi algo en el cielo, algo que lo iluminaba todo y que cuando sus rayos te tocaban sentías el calor, era redondo y cuando pregunté que qué era me contestaron que se trataba del sol. Me quedé todo el día en aquella playa, me quedé hasta que ya no hubo nadie más, me quedé porque quería ver como el sol cambiaba de color a medida que pasaban las horas; hasta que se escondió detrás de esa raya que marca el final del mar y donde algunos dicen que hay una gran cascada. Vi que en un principio era de color amarillo, después anaranjado y en sus últimos momentos era de un rojo intenso. No los podía dejar escapar, tenían que formar parte de mi estuche de colorines.
En un principio solo conocía dos tonos, pero con el tiempo descubrí otros diferentes que quise hacer mios. Construí una escalera desde aquí hasta el cielo, subí por ella hasta llegar al sol y entonces le pedí un pedazo de su piel, me lo dio y lo traje entre mis manos (las llevaba cubiertas por unos guantes para no quemarme claro; el sol arde). Ya tenía el amarillo pero ese cacho no podía pasar a los dos siguientes colores porque había sido arrancado. Pero ya los había visto y desde que los vi los quise asi que no me rendí.
En un principio todo era negro y blanco. Quería consegir el naranja y el rojo. Recuerdo que una vez escuche en alguna parte que cuando nos hacemos una herida nuestro cuerpo expulsa un líquido de color rojo con cierto sabor a hierro. Me hize un corte y contmplé el líquido que emanaba de la herida abierta, no sentí dolor y no me importó el tiempo que tardaría en suturar, valía la pena con tal de conseguir un nuvo color: rojo, rojo pasión.
En un principio mi barra de colorines era muy limitada. Con el tiempo se fue agrandanda y cada vez era más variada. Tenía la piel del sol y la pasión de la sangre y las dos mezcladas entre ellas dieron como resultado el naranja, un naranja tan intenso como el del sol en el atardecer, cuando sus rayos atraviesan las nubes creando reflejos indescriptibles.
En un pricipio no tenía una gran gama de colores. A medida que los días pasaban conseguí enriquecer esta gama con colores cálidos gracias a un día en la playa. Pero sentía la necesidad de adquirir colores fríos. Volví a usar mis escaleras para volver a llegar tan alto como pudiera y hacerme con un trocito de cielo, azul, este fue el primero de la lista fría. Al conseguirlo lo primero que me vino a la cabeza fue qué pasaría si mezclaba el calor con el frío, la dermis solar con el azul de ese techo de ahí arriba: amarillo con azul= verde. Como el de la yerba del monte.

En un principio todo era simple. Gracias a probar y experimentar cosas diferentes logré descubrir nuevos colores con los que volví a jugar otra vez, colores que me ofrecieron infinitas posibilidades, colores a los que les daba matices propios que los hacían diferentes a los demás. Con mucha paciencia adiviné un millón de posibilidades.
En un principio blanco y negro. En el final pinté mi arco iris.
muy bonito de verdad que tienes talento.
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